Wednesday, September 3, 2008

¿De dónde son los carteles?

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Este domingo en el noticiero el presidente de la Central de Trabajadores de Cuba anunciaba un 1ro de mayo donde se evidencie la “inventiva creadora” de nuestro pueblo. Sus palabras iban acompañadas por las conocidas imágenes de miles de personas desfilando en una Plaza llena de carteles, banderas y pullovers multicolores. Al ver tanta exuberancia, volvió mi vieja duda de dónde se confeccionan todos esos elementos vistosos que resplandecen bajo el sol de mayo.

Si nos guiáramos por las palabras de Salvador Valdés Mesa, se trataría de la iniciativa ciudadana la que diseña, pinta y colorea los posters y las ropas. Sin embargo, todos sabemos que no es posible comprar en pesos cubanos –la moneda en la que se reciben los salarios- ni una bandera cubana, ni pintura de aceite o acrílica y mucho menos camisetas o gorras. Tampoco se puede adquirir legalmente una impresora para lograr las letras perfectas que exhiben los afiches de las movilizaciones. ¿De dónde, entonces, salen los carteles que pretenden ser fruto de la espontaneidad popular?

Conozco la respuesta y sepan que poco tiene del arrojo de un obrero que escribe sus demandas en un lienzo. Tampoco se parece a la decisión de un sindicato autónomo que organiza pancartas para que sus miembros exijan mejoras laborales. La mayoría de esos letreros son orientados y diseñados por aquellos que los miran “embelesados” desde la tribuna. Ellos saben que si dejan a los trabajadores –por sí solos- que hagan los carteles, probablemente dirían otras cosas.

 

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No te has tomado la píldora roja ni la azul… pero hoy te levantaste y la realidad te parece puro decorado. Revisas el periódico para quitarte ese sabor a cosa apócrifa y confirmas –al leer el Granma que lo ficticio está oficialmente instituido.

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Qué rápido van las noticias

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Las noticias parecen ir más rápido que la vida. Ayer me han llamado desde España –últimamente las informaciones viajan al extranjero y después rebotan sobre nosotros – para anunciarme que ya no era necesario el permiso de salida. Casualmente, al momento de recibir la noticia me iba a la oficina de Consultoría Jurídica donde hago los trámites para viajar. Muy poco me duró el alegrón, pues una oficial de Migración me aclaró que nada de eso, que la tarjeta blanca y los ciento cincuenta pesos convertibles siguen vigentes.


De manera que doblé la cerviz, pagué la tarifa y blasfemé un rato contra los rumores que no se materializan, contra las expectativas que no se fraguan…

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El sábado me fui a Pinar del Río para disfrutar de sus calles vacías de autos, de los amigos que tengo por allá y de ese grupo de empecinados que hace la revista Convivencia. Puse mis huesos sobre un almendrón y llegué a un costado de la terminal de ómnibus con un dolor agudo en la cervical.

Por la noche conversé un rato con Néstor, el joven que expulsaron de la universidad por colaborar con la nueva publicación digital dirigida por Dagoberto Valdés. Quise decirle que tener un título universitario, aunque sea gratuito, es una carga pesada que no siempre genera satisfacciones. El mío, por ejemplo, descansa desde hace ocho años detrás de un mueble de mi cuarto. En él, leo que soy licenciada en Filología aunque no se me autoriza a hacer con el lenguaje lo que me plazca. Unas enormes letras góticas certifican que la palabra es mi reino, sin embargo no me advierten dónde comienzan las mordazas.

Néstor, de continuar en su carrera, habría aprendido derecho romano, se hubiera puesto la toga y defendido a cientos de acusados. Su diploma tendría -como el mío- el enunciado optimista de una profesión. Sin embargo, en la tinta de la vida, en el papel alba de la realidad, habría sabido que las leyes son tan cambiantes y elásticas como convenga a quienes las escriben.

Cuando el rector y la mayoría de los colegas de su aula votaron por sacarlo de la Universidad, le enseñaron cuan veleidosa es la justicia. Sin proponérselo, lo salvaron de arrastrar otro título como el que yo escondo: tan lleno de conocimientos como de límites

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Las profecías de Zumbado

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Me di un saltico por Penúltimos días y por el Blog de Enrisco para leer el dossier dedicado a Héctor Zumbado. Caí en cuenta que muchos habíamos dado por muerto –esa mala manía de enterrar a la gente aún respirando- a quien fuera el más infatigable jaranero, bromista y arrancador de tiras del pellejo de burócratas, funcionarios y administradores. Zumbado nos ha gastado a todos la mejor de sus bromas, la más acabada de las burlas: hacernos creer que se había escapado de este absurdo, cuando en realidad nos observa todavía desde el “estado de gracia” en que lo dejó una misteriosa paliza.

En medio del zumbe del homenaje, logré encontrar un ejemplar de su hilarante Limonada, que a pesar de las amarillas páginas de papel gaceta, me hizo reír por enésima vez. El más lacerante de sus chistes lo encontré en el prílogo -forma en que el autor denominó a esa mezcla de prólogo y epílogo-, cuando en un tono que quiere parecer serio anunció:

“ Debido a la época en que se escribió Limonada (1969-1971) –uno de los períodos de más dificultades económicas que hemos tenido y que obligó a implantar una serie de medidas y controles en la distribución (más algunas deficiencias de la organización, más la imaginación desbordada de algunos administradores del área comercial), muchas situaciones que se plantean (en el libro “Limonada”) ya no son válidas pues ha sido superadas por el natural avance de la Revolución… “

Y ahí está la puñalada dolorosa de la guasa, lo profético de su choteo enmascarado en negación. Zumbado sabía que no era una coyuntura, que lo que parecía temporal y casual en realidad era sistémico y para siempre. Por eso, todavía hoy, sus historias resultan punzantemente actuales… llamativamente vigentes. Reparé especialmente en su texto sobre Chapucio, ese torpe voluntarioso que “si administra un parque infantil ¿para qué va a estar en la bobería esa de estar arreglando los aparatos, si los niños, en definitiva, no protestan, ni mandan memorándums, ni van a las asambleas a descargar? Ellos siempre sonríen, siempre parecen felices”.

Compruebo, entonces, que seguimos padeciendo de lo mismo, aunque los funcionarios han engordado y se llaman gerentes. Sólo que ahora estamos sin el látigo de Zumbado y sin el refrescante consuelo de una limonada.



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Estoy haciendo una nueva carrera universitaria. No está relacionada con alguna especialidad, pero podré obtener un diploma de “licenciada en sortear la burocracia”. Los temas de estudio son los trámites y papeles para viajar fuera de Cuba y, las asignaturas, llevan una buena dosis de paciencia, mansedumbre e incógnita. A este curso intensivo en “papeleo” no he llegado en cero, sino que arrastro una década ejercitándome en el fragor de la tramitología. Hay que agregar los múltiples estrellones contra los funcionarios y una lenta resignación ante el tufillo de las oficinas.

La experiencia de hablar con burócratas –para los que siempre falta algún documento, un cuño o una firma- me permitirá agenciarme la máxima calificación en algunas materias. No obstante, tendré que superar cierta predisposición al arrebato, una furia inconveniente cuando me dicen “su papel no ha llegado a tiempo” o “eso tienen que aprobarlo más arriba”.

El resultado final de este ejercicio será una pequeña tarjeta blanca donde se me autoriza a salir de Cuba para recoger el premio Ortega y Gasset. Insisto que no se trata de “viajar”, ya que ningún cubano usa ese verbo para la acción de ir al extranjero. Nosotros saltamos, cruzamos, salimos o nos vamos; pero viajar es demasiado poco cuando de brincar la insularidad se trata. Incluso, la ansiada autorización que necesito es conocida como “permiso de salida” y lleva en sí el sonido de cerrojos que se abren.

No sé si sirvan de mucho las horas acumuladas en las colas, las certificaciones de nacimiento legalizadas, el hábito de llevar hasta los documentos que no hacen falta -como la tarjeta de vacunación o el último recibo de la electricidad-. No sé, pero intuyo, que la respuesta a mi solicitud de viaje ya está tomada y espera por mí en una gaveta. Nada de lo que haga podrá evitar que la llave abra o cierre la puerta.

Mientras, llego a creerme que “salir” es posible

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Posted by cubano200 in 11:45:09 | Permalink | No Comments »

La utopía impuesta

Habito una utopía que no es mía. Ante ella, mis abuelos se persignaron y mis padres entregaron sus mejores años. Yo, la llevo sobre los hombros sin poder sacudírmela.

Algunos que no la viven intentan convencerme –a distancia- que debo conservarla. Sin embargo, resulta enajenante vivir una ilusión ajena, cargar con el peso de lo que otros soñaron.

 

A los que me impusieron –sin consultarme- este espejismo, quiero advertirles, desde ahora, que no pienso heredárselo a mis hijos.

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En la secundaria donde estudia mi hijo tuvimos una reunión de padres que duró tres horas y casi termina en una pelea. La directora del centro escolar leyó la resolución 177 del Ministerio de Educación aprobada en diciembre pasado, donde se establece que el índice académico ya no será determinante a la hora de proseguir estudios en la enseñanza media superior. Los que tengan más altas calificaciones no saldrán premiados con las mejores plazas en preuniversitarios de ciencias exactas, escuelas de arte o tecnológicos de informática y comunicaciones, sino que el tamiz de la selección beneficiará a los más “integrales”.

El conocido escalafón que se confeccionaba a partir de las notas acumuladas durante los tres cursos de la secundaria, ha dejado de existir. En su lugar, el profesor tiene la potestad de asignar –a dedo- quién estudia cada especialidad. Los nueve parámetros que, según el nuevo método de calificación, hacen la integralidad de un joven, son:

1. Asistencia y puntualidad
2. Actitud ante el trabajo
3. Actitud ante el estudio
4. Disciplina
5. Uso adecuado del uniforme y de los atributos pioneriles
6. Manifestaciones y actividades político-patrióticas
7. Participación en actividades culturales y deportivas
8. Cuidado de la propiedad social y del medio ambiente
9. Relaciones humanas

El punto seis es suficiente para disparar las alarmas, pues abona el terreno donde crecerán fortalecidos el oportunismo y la simulación.

La inquietante reunión ocurrió en los mismos días del Congreso de la UNEAC, donde varios delegados criticaron el estado de la educación cubana y de la formación de valores. Por un lado, se exige que se fomente el talento y la creatividad y por otro, los férreos límites de la ideología segregan a los que piensan diferente.

No me preocupo tanto por mi hijo, pues en los dos años que le quedan para acceder a otro nivel de enseñanza puede ser que ya la impopular medida no exista. Sin embargo, me asusta una Nación donde no se premia el talento, sino la incondicionalidad ideológica; donde un estudiante que participa en una demostración política, puede ser mejor evaluado que aquel que domina los contenidos; donde las propias intituciones escolares señalan, como más atractivo, el camino de las máscaras.

Posted by cubano200 in 11:43:23 | Permalink | No Comments »

No hay días feriados

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Generación Y ha superado en marzo los cuatro millones de hits. El astronómico numerito se ha logrado gracias a los comentaristas que han hecho de este Blog un foro de discusión; a los visitantes ocasionales que aportan combustible para la polémica; incluso, a la “colaboración” de los muchachos de la Brigada de Respuesta Cibernética (BRC) que intentan colapsar el sitio con “corta y pega” o agregarle su dosis de “chancleta de palo y piso de tierra” al debate.

Cada cual que lo celebre a su manera. Los foreros, lamento decirles que la festividad no incluye días feriados… hay que seguir en el debate. Mientras que los muchachos asignados para pegar anuncios pornos, insultos y todo tipo de sandeces, siento mucho si las estadísticas terminan por ocasionarles una amonestación o el despido laboral.

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Les dejo la tarea de descubrir qué significa este “03C” que he visto en algunos graffitis de la calle Línea. He escuchado que hace cincuenta años la consigna de “cero cine, cero compra, cero cabaret” se extendió por toda Cuba. Me pregunto qué mensaje se esconde –hoy- detrás de las tres “C” que estos jóvenes han impreso en varios muros de mi ciudad.

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Otra vuelta

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En el Granma han anunciado una nueva ronda de discusiones, está vez con el texto del discurso de Raúl Castro del 24 de febrero pasado. La convocatoria está dirigida a los sindicatos y durará lo que queda de marzo y todo el mes de abril. Sin haber dado a conocer, todavía, los resultados de los debates de septiembre y octubre pasados, comienza otra vuelta del “muro de los lamentos”.

Después de oír la información hemos tenido la sensación de un peculiar deja vu compartido por once millones. ¿No habíamos vivido “esto”, hace poco tiempo?

Posted by cubano200 in 11:39:52 | Permalink | No Comments »

Parte médico

Sé que muchos han estado preocupados por lo ocurrido con Generación Y, de manera que les debo mi agradecimiento y una explicación más detallada.

El jueves pasado una amiga me alertó de que no se podía entrar a algunos blogs y sitios hechos desde la Isla. Hasta el domingo fue imposible conectarse con páginas de clasificados, donde los cubanos cuelgan sus anuncios de compra y venta, como
http://www.cu.clasificados.com y con toda la plataforma desdecuba.com. También estaba “filtrado” el acceso al blog Revolico http://www.revolico.net/ y por supuesto al de los muchachos de Potro Salvaje http://www.desdecuba.com/potro .

Puede parecer increíble que con tan limitado acceso a la Internet los cubanos hayamos notado tan rápidamente el presillado de estas páginas, pero así fue. Después de varios avisos de lectores nerviosos, me fui a un ciberlocal público y comprobé –por mí misma- la
censura.

El lunes parece que se le abrió un hueco al filtro o el encargado de mantenerlo se quedó dormido, pues durante la tarde fue posible navegar por tan “peligrosas” páginas. Al parecer, el martes volvieron a estar bajo el signo de lo inaccesible, aunque algunos con conexiones más potentes decían poder entrar después de esperar más de veinte minutos. Con este jueguito, que siembra la confusión, nos han mantenido hasta hoy.

Por lo que veo, han puesto en práctica algún filtro que hace demorar la entrada al sitio, lo que evita su lectura por internautas cubanos. En algunos lugares, con más ancho de banda, es posible abrir la página principal, pero no acceder a los comentarios y mucho
menos a la administración. De manera que con un sencillo ardid, han cancelado una buena parte de las participaciones desde Cuba.

Quiero decirle a los que están ahora mismo monitoreando el Blog y filtrándolo, a esos capitanes Weisler que nos miran, que les agradeceríamos si se quedan dormidos y dejan entrar a los balseros virtuales. No es que vayamos a tocar una sinfonía para ellos, pero quién sabe si llegamos a hilvanar algunos acordes.

Confieso que me ha dado por portarme mal. Me rebelo ante las órdenes, busco limones que no aparecen, exijo disculpas que nunca llegan y, gran majadería la mía, pongo mis opiniones en un Blog -con foto y nombre incluidos-. Como ven, con estos treinta y dos años –tan impertinentes- ya me viene tocando un correctivo.

Así que los anónimos censores de nuestro famélico ciberespacio, han querido encerrarme en el cuarto, apagarme la luz y no dejar entrar a los amigos.  Eso, convertido al lenguaje de la red, quiere decir bloquearme el sitio, filtrar mi página, en fin, “pinchar”  el Blog para que mis compatriotas no puedan leerlo. Desde hace un par de días Generación Y es sólo un mensaje de error en la pantalla de muchas computadoras cubanas. Otro sitio bloqueado para los “monitoreados” internautas de la Isla.

Mis textos, los de los otros bloggers y periodistas digitales, han hecho que la presilla de los inquisidores haga su ridículo papel. Con estas ínfulas de adolescentes rebeldes, nos hemos ganado el manotazo, el severo guiño y el regaño. Sin embargo, la reprimenda es tan inútil que da pena y tan fácil de burlar que se trueca en incentivo.

Posted by cubano200 in 11:38:52 | Permalink | No Comments »

La obstinada silla vacía

El 24 de diciembre escribí un post titulado “Una silla vacía”, donde contaba la quinta Navidad que celebrábamos sin la presencia de Adolfo Fernández Saínz, preso desde la primavera negra del 2003. Hoy, la mesa sigue puesta, la familia esperando, mi hijo me hace preguntas, cada vez más incómodas, sobre cuándo volverá Adolfo, mientras Julita -su esposa- recorre cientos de kilómetros para visitarlo cada tres meses.

Ya no es fin de año, pero han llegados las Pascuas y detrás de mi puerta hay una fina hoja de palmera, que anuncia un “resurgir”. Espero que pronto no haya mesas incompletas en esta Isla. Que nadie se merezca la certera frase, que me lanzó mi pequeño Teo, cuando supo de las detenciones:

“Entonces, ustedes siguen libres porque son un poco cobardes”.

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Esta singular realidad en que vivimos, ayuda mucho a la hora de escribir literatura. Cada pequeño detalle de nuestra cotidianidad transpira fantasía, paradoja y ficción. De ahí que leer una selección de cuentos como Ternera macho y otros absurdos de Angel Pérez Cuza se convierta en un paseo por la sinrazón del cada día. Aceptamos que uno de los personajes de este libro nos cuente que “Toro Bravo y Buey Preña´o son vacas aunque tengan nombres de bueyes”, pues ese es el truco que han encontrado los campesinos para burlar la obligación de venderle la leche al Estado.

El tema vacuno es uno de los más surrealistas en la Cuba actual. Ese animal con ubres y cuernos resulta por estos lares tan sagrado como en la India. Si en el país asiático los motivos son mágico-religiosos, en esta islita del Caribe, los burócratas -con sus regulaciones y prohibiciones- han consagrado el “culto a la res”. Estamos tan habituados a la alarma, cuando está de por medio un rumiante, que leemos sin sobresalto un párrafo así:

“¿Ustedes saben desde cuando yo no como carne de res? ¿No? Yo tampoco. Y pudiera, porque tengo reses y todavía puedo inseminar a Mazorra y a Josefina.” ”Pero no puedo sacrificar mis animales. Si se me enferma o se me accidenta uno de ellos, tengo que llamar al Plan, para que manden un veterinario y un inspector, para que me den el permiso. ¡Cuidadito de descuartizarlo para comer! ¡Nada de eso! Hay que incinerarlo con papeles y todo.” “Y si son terneras, peor todavía. Ahí sí que te buscas un lío. Investigación completa, peritos de la policía.”

La lectura de las páginas de este guantanamero,  profesor de matemáticas, me ha hecho recordar un anécdota de hace más de veinte años. Viajaba yo en la locomotora soviética que manejaba mi padre, por allá por los ochenta. Desde el asiento del conductor vi algo que se movía sobre la línea, a un centenar de metros por delante. Era una vaca, amarrada de forma tal que sólo la cabeza quedaba a merced del tren. El animal mugía e intentaba soltarse, sin lograrlo. Con mis cándidos diez años le grite a mi papá: “¡Para! ¡Hay una vaca trabada en la línea!”. Pero un tren con treinta vagones de carga no se detiene tan fácilmente y mucho menos por un animal. Mi padre, con esa serenidad del que ha visto cosas peores sobre el camino de hierro, me explicó: “No te preocupes, lo propios dueños las amarran así para que el tren las mate y podérselas comer” “Sólo cuando yo las arrollo ellos pueden disfrutar de su carne”. Unos segundos después el golpe seco me confirmó que el sacrificio se había efectuado. Al mirar por la ventanilla alcancé a ver un tropel de guajiros sonrientes que corrían hacia el cadáver.

Supongo que en las dos décadas que han pasado desde ese “suicidio”, los campesinos cubanos se han hecho más hábiles en amarrar sus vacas a la línea del tren. Pérez Cuza tiene, entonces, mucho material para sus cuentos.

Ternera macho y otros absurdos

Angel Pérez Cuza

Ediciones Espuela de Plata, 2007

Sevilla, España

Posted by cubano200 in 11:37:29 | Permalink | No Comments »

¿El último para las tostadoras?

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El eco de los tambores que anuncian la inminente venta de computadoras, reproductores de DVD y otros efectos electrodomésticos, ha llegado hasta mis oídos. Al igual que los últimos rumores, el “tan-tan” comienza en el extranjero pero en las tiendas de mi barrio nadie sabe nada del “aluvión tecnológico”. Tanto desespero por los cambios que no llegan, me ha hecho creer que sí, que el veto para comprar ordenadores se levanta, o mejor dicho, se desvanece ante su ineficacia.

Con varias décadas de atraso, un memorando permitirá comercializar esos circuitos electrónicos, chips y lectores ópticos que crean, reproducen y difunden información. La razón para no venderlos antes, no había sido el consumo eléctrico, ni el temor a las diferencias sociales, sino que -hasta ayer mismo- podían controlar su expansión.  Desde que un Ipod cabe en un bolsillo, un minidisk almacena varias películas y en la delgada barriguita de un Memory Flash viajan un centenar de documentos ¿qué sentido tiene prohibirlos? Para qué desgastarse en una pelea que ya tiene un ganador: la tecnología.

Aún así, las dosis de apertura serán graduales y espaciadas. Un claro juego donde la zanahoria es el ansiado aire acondicionado que se podrá adquirir en el 2009 o la simbólica tostadora por la que habrá que esperar dos años más. A este ritmo las antenas parabólicas nos llegarán a mediados de siglo y mis nietos conocerán, en su adolescencia, el GPS.


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Con esa mezcla de humor y tragedia que tenemos para abordar todo lo que nos pasa, un grupo de bloggers e informáticos cubanos han abierto una bitácora en esta misma plataforma. Algo así como una guarida para todos esos cuatreros de la Internet en Cuba, para los cimarrones que escapan del mayoral apodado “censura”.

Este blog colectivo y anónimo, se va llenar con los testimonios, ideas, trucos y sugerencias de todos aquellos que tengan como impulso hacer de Internet “el espacio de opinión que no nos dan en la prensa, la radio y la televisión nacional”. Nace justamente por los días en que se celebra en todo el mundo la jornada contra la censura en Internet y desea que la próxima vez que llegue esa fecha, ya la represión informática sea cosa del pasado.

Hago hincapié en lo del humor, pues estos jovenzuelos han escogido para su bitácora el nombre de “Potro Salvaje” pero aclarando que “tenemos que liberar al potro domado de la tecnología”… no les suena conocido ¿eh?

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Sonata para un “hombre nuevo”

Los que hoy tenemos menos de cuarenta años debimos ser como el joven del cuadro de Raúl Martínez, híbrido de hombre y modelo social. Nos pondríamos la mano en la barbilla, y en un entorno lleno de colores brillantes, miraríamos un presente de conquistas y justicia. Sin embargo, la pintura resultante quedó de tonos ocres y el suave gesto de optimismo se trastocó en desespero.

En aras de formarnos en el estudio-trabajo nos enviaron a los preuniversitarios en el campo. No previeron “ellos”, que ya eran cincuentones y habían olvidado el temblor de la carne, que tanta hormona adolescente sin el control paterno, no iba a “malgastarse” en hacer producir la tierra. Junto al intensivo aprendizaje de “cosechar” en otros cuerpos, aprendimos también que los oportunistas siempre se las arreglan para no doblar la espalda hacia el surco. Advertimos que, de esos seres aprovechados, era el reino del futuro.

Llegaron entonces los noventa y nuestros padres –en tiempo récord- sacaron los altares para la sala, empezaron a blasfemar contra el gobierno y –como zombies- buscaron, por toda la casa, dónde se oía mejor la prohibida radio que llegaba desde el Norte. Esa metamorfosis acelerada que ocurría a nuestro lado, nos dotó de la dosis de cinismo necesaria para enfrentar similares frustraciones. Una mezcla de incredulidad y pragmatismo fue la vacuna contra el desencanto, pero también el árido terreno donde no crece la rebeldía.

De los poemas patrióticos declamados en los matutinos, pasamos a armar la balsa de la desilusión que nos llevara a cualquier otro lado. Después de tanto “compromiso”, tanta “asamblea pioneril”, y tanta marcha con su consigna y su banderita de papel, hemos terminado por adoptar este gesto nuestro, tan común, de hombros que se levantan a la par que decimos “y a mi que me importa”.

Miro al joven pintado por Raúl Martínez y sólo hay un punto donde me reconozco. Él, como yo, mira hacia el futuro, confía en que llegarán tiempos mejores.

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He notado, desde hace varios años, que hemos dejado de usar frases conciliatorias como “disculpas”, “perdón” y “lo siento”. Frente a una metedura de pata, preferimos insistir en la torpeza, que reconocer que hemos fallado. Alguien ha inscrito en ese absurdo código de la “hombría nacional”, junto a las risibles frases de “hombre que es hombre no toma sopa, no come dulce, etcétera, etcétera…” algo como “cubano que es cubano, no pide disculpas”.

Recuerdo la hilarante anécdota de un amigo, cuyo dedo fue “aplastado” por el fino tacón de una dama que pasó por su lado. Ante la evidencia de que ella no se disculparía él se le acercó y le dijo “Perdón señora, por ensuciarle la suela del zapato”. A la mujer no le gustó nada la ironía y estuvo a punto de propinarle a su “víctima” otro pisotón en el mismo dedo. Todo por no pronunciar las mágicas palabras que evidenciaban su arrepentimiento ante el error cometido.

Cuántas veces no hemos sido mal atendidos, vilipendiados o ignorados por un camarero que es incapaz de articular algo como “lo lamento, señor”. Una frase como esa no resuelve todo el problema, pero al menos deja la sensación de que no hay alevosía en el mal servicio. Sin embargo, el récord de disculpas pendientes lo tienen los burócratas y los políticos, con ellos hemos pasado este “curso intensivo de no lamentar nada”.

Somos alumnos aventajados de un gobierno que en estos casi cincuenta años de “bailar solo” en la pista de nuestra política, jamás ha pedido disculpas por nada. Nos hemos quedado esperando la necesaria mea culpa por la ofensiva revolucionaria de 1968, por la atrocidad de los mítines de repudio, por la dependencia soviética, por los sucesivos y desastrosos planes económicos que nos condujeron a esta asfixia productiva, en fin, la lista es tan larga y tan dramática que más que un “lo siento” exige un prolongado acto de “autoflagelación pública”.

Pero bueno, ya sé que los políticos nunca piden disculpas. Por eso nosotros, pequeñas copias de ellos, a los que imitamos en la repetición de las consignas y en las poses tribúnicas, también los emulamos en eso de no pedir perdón. Para qué, diría la señora que pisó a mi amigo, ya tenemos el dedo aplastado y por allá arriba ellos no quieren ver que tienen la suela “sucia”.

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